ARTICULO

TORCH, INFECCIONES SILENCIOSAS

Miguel Ángel Díaz Zurita1, Janet Flores Villanueva1, Oscar Villavicencio Carrizosa1, María Guadalupe Martínez Salazar1, Elsa Romelia Moreno Verduzco2, Miguel Ángel Cortés Vázquez3, María Isabel Villegas Mota3, Ma. Guadalupe Aguilera Arreola4, Addy Cecilia Helguera Repetto1
1 Laboratorio de Investigación en microbiología y diagnóstico molecular, departamento de Inmunobioquímica, INPer.
2 Servicios Auxiliares de Diagnóstico, INPer.
3 Unidad de Enfermedades Infecciosas y Epidemiología, INPer.
4 Departamento de Microbiología, Lab. De Bacteriología Médica, Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, IPN.

Durante el embarazo existe el riesgo de adquirir diversas infecciones por bacterias, virus y parásitos. Dichas infecciones representan un alto riesgo para la salud de la madre, para el feto en desarrollo y para el recién nacido, ya que pueden desencadenar problemas como restricción del crecimiento fetal, malformaciones congénitas, aborto espontáneo, parto pretérmino, muerte fetal y muerte neonatal. En primera instancia, estas infecciones se presentan en la madre y pueden transmitirse hacia el feto o recién nacido (transmisión vertical) mediante tres vías principales: 1) a través de la sangre por el cordón umbilical, 2) por el paso del agente infeccioso a través de la placenta o saco amniótico y 3) por el contacto directo con el recién nacido durante el parto.

Entre las infecciones que afectan el embarazo existe un grupo que se monitorea cuidadosamente debido al gran número de problemas que ocasionan en los recién nacidos, a este grupo se le denomina como ‘TORCH’, donde la letra “T” hace referencia a la toxoplasmosis ocasionada por el parásito Toxoplasma gondii, la “O” a Otros donde se incluyen infecciones como sífilis causada por Treponema pallidum, infecciones por virus como varicela-zoster, parvovirus B19, virus de Zika, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), Plasmodium e incluso Mycobacterium tuberculosis. La “R” hace referencia a rubéola, “C” a la infección por citomegalovirus (CMV) y “H” al virus del hérpes simple [1].

Al ser microorganismos poco comunes, nos preguntamos cómo es que se adquieren y cómo es que pueden transmitirse al embrión o al bebé, y es que existen diferentes formas, entre las que destacan: no realizar una inmunización oportuna en el caso de varicela y rubéola, enfermedades para las cuales se cuenta con vacunas que han ayudado a prevenir dichas infecciones a nivel mundial y por lo tanto a disminuir las tasas de transmisión vertical. Otro caso es en el que la mamá presente una infección de transmisión sexual como sífilis y que a través de la placenta o durante el parto vía vaginal se transmita al embrión o al bebé; la transmisión de toxoplasmosis se lleva a cabo cuando la madre tiene contacto con los quistes (fase infectante) de éste parásito presentes en la materia fecal de animales infectados como los gatos domésticos o mediante la ingesta de alimentos contaminados. En el caso de la infección por CMV, la madre puede adquirir el virus a través de una donación de sangre o trasplante de órganos, siempre y cuando las células que se donan o que forman parte del órgano trasplantado contengan el virus, y estos se transmiten a través de la placenta, por el canal de parto o por leche materna [1].

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