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Viviendo y creciendo con el Dr. Carlos Zamora González, un regalo de la vida

Autora: Ana Cristina Zamora Cunningham

Tengo muchas palabras y ninguna para describir a mi papá, Carlos Zamora González. Le estoy por siempre agradecida por haber sido un papá cariñoso, dedicado, que gozaba de su familia y de la gente que le rodeaba. Desde que él era niño creciendo en la estación de tren de Trinidad, cerca de León, Guanajuato y después en Querétaro, estuvo rodeado por una gran familia de ocho hermanos. Familia formada por la unión de Isabel González y Jesús Zamora.

Carlos tenía facilidad para hacer amistades, en la primaria en el Instituto Queretano, en la preparatoria en el CUM en la Ciudad de México, en la Facultad de Medicina de la UNAM y, por supuesto, en su segunda casa el Instituto Nacional de Cardiología. A lo largo de su vida conservó muchos amigos de diferentes etapas, con quienes siempre buscó mantener el vínculo, organizando y participando en múltiples eventos.

Recuerdo con cariño las parrilladas argentinas o paelladas que se organizaban en casa con los médicos residentes de muchas nacionalidades. Siempre acompañadas de una guitarra y la voz fuerte entonada de Carlos al cantar tangos o boleros. Nunca olvidaremos las actividades culturales del Club Bibliográfico, ni del Congreso de la Sociedad Mexicana de Cardiología, que organizó con mucho éxito en Cancún. Los médicos y sus familias siempre fueron como una gran familia extendida con la que compartíamos momentos entrañables en viajes y eventos compartidos.

Acompañando a Carlos como esposa, compañera y aliada en sus proyectos, estuvo Joan, mejor conocida como Juanita. Juntos formaron una familia con la que crearon un espacio rico y estimulante, propio de la unión de una maestra de primaria y un médico cardiólogo siempre interesados tanto en la academia como en las artes en todas sus expresiones. En casa no faltaba la música, ni las pinturas, lápices de colores, y mucho menos los libros. La familia Zamora Cunningham siempre se enriqueció de lo que era importante para Carlos y Juanita.

Sigue leyendo más del artículo en la página 16 de Motu Cordis.

 

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