ARTICULO

El escudo del corazón, una forma de evitar el dolor: reflexión psicológica

Autoras: Mtra. Angélica Beltrán Barajas* y Karyme Zazil Velázquez Zarza**
Psic. Clínica y coordinadora del área de Salud Mental de la Consulta Externa*
Pas. de Psicología**

Cuando ponemos en marcha procesos de forma inconsciente para protegernos de emociones negativas hacia las personas o situaciones, muchas veces utilizamos mecanismos de defensa que nos ayudan a sobreponernos de momentos tan dolorosos que es posible que sean de toda una vida y nos falte observar o entenderlo. Esto me permite recordar la historia de vida de una gran amiga “Tábatha”.

Después de un evento tan desafortunado como la muerte de sus padres, ella y su hermana mayor tuvieron que hacerse cargo de los hermanos más pequeños. Aun con esa responsabilidad y vulnerabilidad al paso del tiempo se enamoró profundamente de David, él era un médico residente y ella se dedicaba a la Enfermería. Cuando él le pidió ir a trabajar para otra dependencia pública donde le habían ofrecido trabajo, ella aceptó sin pensarlo; lo seguía a donde él iba, caminando por el pasillo del hospital tomados de la mano compartían muchas cosas. Sin embargo, ya tenían tiempo de novios y no se veían con intenciones de formalizar. Ella le dijo que cuándo se casarían, ya que esa era su ilusión, pero él le respondió que no creía en el matrimonio y que eso era algo que nunca podría ofrecer. La decepcionó tanto que le cuestionó si de verdad no podría concederle ese deseo por el simple hecho de amarla, pero se aferró a su respuesta, fue ahí donde terminó la relación y poco después él cambio de trabajo.

Le dolió tanto la separación que se refugió en su mejor amigo Mauricio, quien también era su vecino, él era un hombre sincero y muy respetuoso, la llevaba a comer helados para hacerla sentir mejor, hasta que un día la miró y le pidió que fuera su esposa. Ella se sintió muy sorprendida porque nunca había considerado la idea de verlo de esa forma, y cuestionó sus motivos para pedirle algo como eso, aun sabiendo toda su historia con David, pero él respondió que siempre estuvo enamorado de ella y que creía que era una buena mujer. Eso la conmovió mucho, así que le dijo que lo pensaría y que contestaría al día siguiente, Mauricio estaba tan emocionado de que no lo hubiera rechazado que sólo respondió “ya quiero que sea mañana para que me digas que sí”.

Te invitamos a continuar con la lectura en la página 18 d Motu Cordis

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